La leyenda de la cabeza del rey don Pedro en Sevilla
Contexto histórico
Durante el reinado de Pedro I de Castilla (apodado «el Cruel» por la nobleza rival y «el Justiciero» por el pueblo llano), el monarca acostumbraba a recorrer de incógnito las calles de la judería y los alrededores de la Alfalfa durante la noche sevillana.
La leyenda
Hacia 1358, las tensiones entre la corona y los partidarios de la casa de Trastámara alcanzaban su punto más crítico. Una noche, don Pedro se cruzó en un estrecho callejón (entonces llamado calle de las Candilejas) con un caballero de la facción rival: el conde de Niebla o, según otras versiones populares, un miembro de la influyente familia de los Guzmanes.

Tras un altercado verbal, ambos desenvainaron las espadas. El rey dio muerte a su adversario de una estocada y abandonó el lugar de inmediato, creyendo haber actuado sin testigos.
Sin embargo, el duelo fue presenciado por una anciana que se asomó a su ventana con un candil de aceite tras oír el choque del acero. Al asustarse, se le cayó el candil al suelo, pero en el fugaz destello de luz reconoció los rasgos del monarca y, sobre todo, el característico chasquido de sus rodillas al caminar (un detalle físico real registrado por las crónicas de la época).

Al día siguiente, al hallarse el cadáver de un noble en plena calle, la familia de la víctima exigió justicia al propio rey. Don Pedro, seguro de que no había pruebas contra él, prometió públicamente que cortaría y expondría la cabeza del culpable en el mismo lugar del crimen.
La justicia interrogó a los vecinos hasta dar con la anciana del candil. Llevada a presencia real, la mujer temía declarar, pero el rey le garantizó su protección a cambio de la verdad. Al ser conminada a señalar al asesino, la anciana colocó un espejo frente al rostro del propio don Pedro.
La resolución
Viendo su palabra empeñada ante la ciudad y debiendo cumplir su juramento sin atentar contra su propia vida, el monarca ordenó una solución salomónica: mandó tallar en piedra un busto con su propio rostro y ordenó colocarlo dentro de una hornacina de madera en la esquina donde ocurrió el lance, prometiendo que la cabeza permanecería allí expuesta hasta su muerte.
El vestigio actual
Ubicación: En la esquina de la actual calle Cabeza del Rey Don Pedro con la calle Candilejas.
El elemento: En la fachada del número 29 puede verse la hornacina con un busto de don Pedro I. La escultura actual es una copia del siglo XVII que sustituyó a la original medieval, la cual se conserva en la Casa Consistorial de Sevilla. A pocos metros, el azulejo de la calle Candilejas recuerda con su nombre a la anciana y su candil.
